Una familia puede conocer bien el patrimonio del fallecido y, aun así, carecer de los documentos necesarios para tramitar la herencia. Antes de repartir tareas, conviene convertir esa información dispersa en un expediente común. Su finalidad es distinguir lo que está acreditado, lo que se supone y lo que todavía debe solicitarse.

Un expediente, varias funciones

Pensemos en un supuesto ficticio: tres hermanos conservan copias distintas de un testamento, justificantes de dos bancos y recibos de un negocio familiar. Ninguno sabe si la documentación está completa. La primera decisión práctica es designar a una persona para coordinar las versiones y consultas, sin que eso le permita decidir por los demás.

El certificado de defunción y el certificado de actos de última voluntad ayudan a establecer el punto de partida. Este último informa sobre el otorgamiento de testamento y el notario correspondiente; no sustituye el contenido del testamento. Si falta este instrumento, hay que determinar qué procedimiento corresponde para acreditar a los herederos.

Ordenar el patrimonio con respaldo documental

Para cada bien o derecho, anote quién figura como titular, qué participación tenía el fallecido y qué documento lo acredita. Añada las deudas conocidas y señale cualquier reclamación pendiente. Un inventario basado únicamente en los bienes de mayor valor puede olvidar créditos, participaciones sociales u obligaciones relevantes.

La carpeta inicial puede organizarse en cuatro apartados: personas y parentesco, documentación sucesoria, activos y obligaciones. En cada apartado resulta útil identificar originales, copias, documentos solicitados y posibles necesidades de traducción. Así se evita encargar varias veces la misma gestión o utilizar una versión antigua sin advertirlo.

No mezclar la acreditación de derechos con los impuestos

La tramitación fiscal que explica la ATC forma parte del proceso, pero no determina por sí sola quién tiene derecho a heredar. Tampoco una dirección en Cataluña resuelve automáticamente todas las cuestiones cuando existen conexiones internacionales. Esas circunstancias deben exponerse antes de preparar documentos definitivos.

Los errores habituales son repartir dinero antes de cerrar el inventario, asumir que todo un inmueble pertenecía al fallecido o confundir una valoración familiar con la cifra aplicable a un trámite. También conviene informar de cualquier actuación ya realizada ante otro profesional.

El resultado de esta fase debería ser una relación de documentos contrastados y decisiones pendientes, con responsables claros. Para revisar la organización económica y tributaria del expediente puede escribir a info@taxdevelopmentconsulting.com, indicando qué bienes y países intervienen.

Fuentes