Normalizar resultados consiste en explicar qué beneficio podría sostener la actividad bajo unas hipótesis determinadas. El punto de partida son las cifras registradas; los ajustes se muestran después, con su respaldo documental. No se trata de mejorar el aspecto de las cuentas ni de eliminar gastos por el simple hecho de que el vendedor preferiría no asumirlos en el futuro.

La revisión suele comenzar por operaciones vinculadas, remuneración del propietario y partidas poco habituales. Si el socio realiza funciones comerciales, administrativas o técnicas, su salida puede obligar a contratar a alguien. Por eso, añadir íntegramente su sueldo al resultado sería engañoso si no se reconoce el coste de sustitución. Hay que describir las tareas y estimar el recurso necesario para mantenerlas.

En un supuesto hipotético, una empresa de distribución soportó un gasto extraordinario por una incidencia informática. A la vez, el administrador llevaba meses haciendo gratuitamente labores que antes desarrollaba una persona contratada. El primer concepto podría requerir un ajuste favorable; el segundo, uno desfavorable. Presentarlos juntos permite entender mejor el negocio que seleccionar únicamente el dato que eleva la valoración.

Conviene mirar varios ejercicios y contrastarlos con la actividad reciente. Una reparación aplazada, un deterioro de existencias o una provisión insuficiente pueden afectar al resultado sin encajar en la etiqueta de gasto excepcional. También deben distinguirse las correcciones de errores contables, las diferencias fiscales y las hipótesis específicas del comprador. Que un gasto sea deducible o no lo sea no decide por sí solo su carácter recurrente.

Prepare una tabla con concepto, importe registrado, ajuste propuesto, explicación y documento de apoyo. Pueden utilizarse nóminas, facturas, contratos de alquiler, resoluciones de ayudas o acuerdos con proveedores. Señale las estimaciones y las discrepancias abiertas. Después compruebe que la previsión futura incorpora el mismo criterio: un ahorro no puede aparecer dos veces ni depender de una inversión que se ha omitido.

El ajuste final puede subir o bajar el resultado. Lo importante es que otra persona pueda reconstruir el razonamiento. Evite añadir amortizaciones dos veces o llamar extraordinarios a problemas que se repiten cada año. El Plan General de Contabilidad y la normativa del Impuesto sobre Sociedades ayudan a separar planos distintos. Para organizar la información de partida, puede consultar en info@taxdevelopmentconsulting.com qué periodos y justificantes convendría reunir para su situación.

Fuentes